Con permiso.

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Trip

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Hoy me tiran las mujeres. Sí! Viva la bisexualidad. O, como yo lo llamo, el cambio de personalidad impredecible.

Este es un amigo mío que me dejó una foto terrible suya en mis manos y que no para de darme gracia. Sí, sos un osito muy borracho. Excelente. Mucho amor para tí!

Este es un amigo mío que me dejó una foto terrible suya en mis manos y que no para de darme gracia. Sí, sos un osito muy borracho. Excelente. Mucho amor para tí!

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No estoy verdaderamente satisfecha con mi vida. Es decir, sí, cojer todos los días está bastante bien, pero de cualquier manera, estoy sintiendo que falta algo. Capaz que es que quiero cambiar de pene pero no sé como decirselo al dueño y no sé si voy a conseguir otro lo suficientemente rápido para que no me venga el ataque de la gata solterona y empiece con toda esa locura dramática que me viene a mi cuando estoy sola.

Sí, este pene está muy bien. Tiene un tamaño más que adecuado y sabe usarlo, lo que no es poca cosa. Es un buen pene, y su dueño es una buena persona. ¿Por qué sentiré tantas ganas de mandarlo a la mierda y cambiarlo por otro pene posiblemente más chico y peor usado? Solo Dios sabe.

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No sé que está pasando con el mundo. Me cuesta muchísimo entenderlo, parece haberse dado cuenta totalmente. Hace unos meses, yo era la segunda opción de todo el mundo. Poco importante, dudosamente recordable. De un día para el otro, eso cambió…y no sé si alegrarme o no. Algunas veces, cuando me siento llena de autoestima, me doy cuenta de que por fin soy la protagonista de la historia, por fin soy esa mina problemática que ellos quieren, por una vez dejé de ser la amiga oculta entre las sombras.

Ya no son más mis amigas las que me sacan los gatos, soy yo las que los consigue antes. Ya no soy más yo la que busca, ahora me buscan a mí. Me entero cada vez más de alguien que, curiosamente, siente una importante atracción hacia mí, y hacia nadie más. La gente se acuerda de mi cara, de mi nombre. Van dos veces que dos pibes se pelean por mí. POR MÍ. Por la tímida del fondo, la flaquita, la inútil. Por mí, esa a la que siempre pasaban por encima. 

El mundo se dio vuelta, y, por una puta vez, soy yo la que salió favorecida. No va a durar mucho, pero lo voy a aprovechar. 

Peace

(via even-death)

Source: s-t-a-r-l-e-s-s-n-i-g-h-t

Oh God, oh god oh god

Oh God, oh god oh god

(via sunrise-doesnt-last-all-morning)

Source: common-person

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que nunca más iba a escribir algo sobre él. Pero, inevitablemente, volví a lo mismo. Siempre vuelvo a lo mismo. Y estaba completamente convencida que al verlo, no iba a sentir nada. Bueno, para variar un poco, me equivoqué. 

De cualquier manera, a pesar de mi supuesto convencimiento, estaba un poco nerviosa por verlo. Más que por verlo, por que me viera. Quería que viera lo feliz que era, como no lo necesitaba. Funcionó, en parte, pero también logró él hacerme sentir así. 

Me voy a poner romanticona y empalagosa, pero no me queda mucha otra solución en este momento. 

La primera vez que lo vi fue apenas. No es una persona que llame mucho la atención. Pero lo que sí es verdad es que me di vuelta dos veces. Fue mi segundo día de clases del año pasado. Yo era nueva en el liceo. Pasé con toda la seguridad posible, toda la seguridad que una nueva puede tener en su segundo día de clases. Y por error lo miré. Y él me devolvió la mirada. Entonces lo miré otra vez, con más atención. El pelo enrrulado y la nariz grande, los ojos grises chiquitos y la boca con el labio inferior más grande que el superior. Tan delgado que me sentí gorda a su lado, y yo soy muy flaca. Una persona, sin duda, extraña. Capaz que por eso me gustó. 

Estuve el resto del día buscándolo, tratando de hablar con él. ¿Era eso el amor a primera vista? Verlo, que me gustara, hablar con él, notar que me gustaba más…y empezar a hablar con él seguido, y que él me correspondiera todo eso. 

Y después, que finalmente me diera un beso. Y que empezaramos a salir. Darme cuenta de que me quería de verdad, de que me quería por lo que era yo, y no por lo que aparentaba ser. Su sentido del humor sarcástico, su risa chistosa y su voz grave y aniñada al mismo tiempo. Su manera de mirarme que realmente me hacía sentir única, que me hacía sentir querida. Que se esforzara por quererme y tratarme bien. Y todos sus defectos: la falta de experiencia, la timidez, que se dejara pasar por arriba y que algunas veces me diera vergüenza andar a su lado. Pero que eso, al mismo tiempo, fueran virtudes. 

Y por un error, por mi estúpido orgullo, lo dejara ir. Mi estúpido estúpido orgullo que me jugó una mala pasada otra vez.

Pensé que lo había olvidado, en serio, estaba convencida de que ya no estaba más en mi vida. Pero lo vi otra vez. Con su cutis blanco y suave, que me hizo acordar a nuestros abrazos, con sus ojos brillantes, que me hicieron acordar cuando me miraba, con sus ganas de molestar, con sus cuentos, con sus ideas locas, con su intelectualidad.

Y lo extraño. Extraño todo eso que una vez me hizo odiarlo, y también todo aquello que me hizo quererlo como nunca quise a un hombre.

Sé que no vas a leer esto, Fabián, porque es imposible que lo hagas. Pero te extraño. Extraño tus dedos gruesos y tus manos tímidas, y también extraño tu nariz y tu resfrío, tu manera de abrazarme para que yo no tuviera frío, tu niñez. Tus bailes torpes y tu manera de rechazarme cuando te quise de vuelta. Y de pedirme perdón cuando no tenías la culpa de nada.  

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“Es desagradable en una mujer ser desprolija”

¿Pero sabés qué, Mamá? Tu querida hijita salió así, y, creálo o no, vos la criaste, vos la moldeaste así, desprolija, descuidada, dejada y todas esas cosas que quieras. 

Así que dejate de hacer la ofendida porque no me pongo polleras y porque no me peino. 

Sucker